Irlanda se ha convertido en uno de los primeros países en documentar con datos oficiales el impacto de la inteligencia artificial en el mercado laboral. El informe, publicado esta semana por el Departamento de Finanzas del país, revela que los sectores con mayor exposición a la IA, principalmente tecnología y servicios financieros, han registrado un crecimiento de empleo del 4% entre 2023 y 2025, frente al 6% de los sectores con menor riesgo.
La brecha se amplía cuando se mira por franjas de edad. En el sector tecnológico, el empleo entre jóvenes de 15 a 29 años cayó más de un 20%, mientras que el de trabajadores de entre 30 y 59 años creció un 12%. El informe concluye que el ajuste no está ocurriendo por despidos masivos, sino por una ralentización o congelación de las nuevas contrataciones, algo que resulta más sencillo y menos costoso para las empresas que prescindir de empleados ya en plantilla.
Los trabajos de entrada, los más fáciles de automatizar
Los puestos de nivel inicial concentran tareas más repetitivas y fácilmente automatizables, lo que los convierte en los primeros afectados por la adopción de herramientas de IA. Esta tendencia no es exclusiva de Irlanda: un estudio de Stanford publicado en agosto de 2025 ya apuntaba a una caída del 13% en el empleo de jóvenes de 22 a 25 años en los trabajos más expuestos a la IA.
El problema va más allá del dato económico inmediato. Los empleos de entrada son el punto de partida desde el que los trabajadores construyen experiencia, currículum y red de contactos. Si esa vía de acceso se estrecha, las consecuencias pueden prolongarse durante años.
Pero no todas las empresas están tomando el mismo camino. Según hemos podido conocer, IBM triplicará sus contrataciones de perfil junior en Estados Unidos durante 2026, aunque con un enfoque diferente: los nuevos puestos han sido rediseñados para que los trabajadores complementen a la IA en lugar de competir con ella. Mientras tanto, empresas como Shopify, Duolingo o PwC han optado por congelar contrataciones argumentando que la tecnología cubre parte de esa demanda.
Irlanda, donde alrededor del 63% del mercado laboral tiene exposición a la IA, se perfila como un caso de estudio adelantado de lo que podría ocurrir en otras economías desarrolladas en los próximos años.
